Imagínate lo que sería trabajar en un búnker antinuclear que antes de las reformas no era más que un desecho de la Guerra Fría. Una caverna que había estado cerrada durante décadas, al amparo del moho, las filtraciones y la oscuridad.
Así era Pionen White Mountain en Estocolmo hasta que Bahnhof vio su increíble potencial y decidió instalar en ella unas oficinas memorables.
Su ubicación exacta está en el parque Vita Berg de la capital de Suecia, en el interior de una de sus montañas, a 30 metros de la superficie y con unas separaciones con el exterior dignas de la guerra. 40 centímetros de metal separan la ciudad nórdica de estas oficinas dignas de Misión Imposible. No hay que olvidar que fue un refugio antinuclear pensado para resistir una bomba de hidrógeno.

El estudio de arquitectura encargado de acomodarlo fue Albert France Lanord Architecs y uno de sus mayores retos fue la iluminación ya que en una cueva sin ventanas, hay que iluminar para evitar que los empleados pierdan la cabeza. También optaron por humanizar la caverna poniendo plantas, para las cuales la iluminación tuvo que ser especial, ya que sin luz solar no están acostumbradas a crecer.
A continuación unas imágenes sobre la sala de servidores, en la que la roca viva hace un excelente contraste con las lisas arista de los servidores. Podemos ver el plano de las oficinas con la planta baja y la planta superior. Finalmente, a la derecha podemos ver la sala de reuniones principal, ubicada en la sala central, en la que predomina el cristal, con unas sillas llamativas y una alfombra de piel.


Para terminar, bajo estas líneas los motores diesel que generan la energía necesaria en el búnker. Lo cierto es que para nosotros son el punto negro de una instalación que, siendo tan futurista, sigue apostando por los combustibles fósiles. Le hubiera pegado más una instalación geotermal o algo con biomasa.


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